
La Pantera
Gigi, La Faraona
Son fiestas y a pesar de ser un día entre semana hay movimiento. Las luces de la feria a lo lejos… Tengo suerte y he encontrado aparcamiento rápido. Estoy inquieta pero voy decidida, es mi primera cita con él.
Hemos hablado mucho, pero no nos hemos visto pues hace poco le han operado del menisco y su movilidad es reducida, por esto voy a cenar a su casa. Ando por las calles oscuras, sigilosa, como una pantera. Llevo mis pantalones de piel ajustados, una camiseta negra tambien, y mi chupa de cuero… Tacones hasta el corredor de la muerte… Estoy en el portal y llamo… no responde, sólo abre… subo hasta su puerta que me ha dejado entornada. No le veo. Entro y voy buscando la luz… Está en la cocina. ¡¡¡Hola!!! me mira de arriba abajo, haciendome un escaneo completo. Su sonrisa delata que le he gustado, y mucho. Empezamos a hablar como continuando una conversación antigua y es que llevamos muchos dias hablando y sabemos ya el uno del otro…
Prometí ayudarle con la cena, pues aún no puede caminar demasiado. Ahora entiendo por qué me pidió que llevara una calculadora: por la tensión sexual no resuelta. Cada vez que nos cruzabamos por esa cocina estrecha, nuestros cuerpos actuaban como imanes… roce…
Abrimos el vino y sirvió las 2 copas. La cena transcurrió más tranquila de lo que yo esperaba. Pasamos al sofá a tomar el postre… tiramisu, umhhh.
Y empecé a observar que desplegaba sus dotes de seductor: mirada triangular, ojo-ojo-boca… eso nunca falla. Apoyar su mano en mi brazo, en mi pierna. La Pantera sigue tranquila, alerta, y dejando hacer.
Ya es muy tarde y mañana tengo que madrugar, me despido. Me dirijo a la entrada a buscar mi bolso y mi chaqueta. él viene detrás más lento, casi a la pata coja. Me despido agradeciendo la cena, y en general la velada. Me acerco a darle dos besos y… me agarra por la cintura. Me aprieta contra él… -De verdad te quieres ir ya?- me besa… ¡¡¡Dios!!! ese es mi interruptor, ya no puedo parar.
Me gira y apoyo mi espalda en su pecho, así tiene mejor acceso para meter su mano por mi pantalón. Llega a mi templo sagrado, estoy ya toda mojada. Él lo nota y acelera sus movimientos, su respiración… me desnuda, mientras me veo en el espejo de la entrada, como acarícia mis pezones ya completamente de piedra. Me susurra al oido «quedate un rato más…» y me lleva de nuevo al salón.
Me sienta sobre la mesa, mientras me sigue besando, y me echa hacia atrás, así puede sentarse plácidamente a comer mi sexo, que espera su lengua con ansiedad. Pronto llego al órgasmo y se va excitando más y más. Aún con los espasmos en mi entrepierna, se pone de pie y me embiste: primero despacio, y luego con fuerza. Se mezcla en mi todo el deseo. Me ayuda a incorporarme y bajo de la mesa me gira y recorre mi cuello y mi espalda con su lengua de fuego. Apoyo mis pechos sobre la mesa para ofrecerle mi culo, que empieza a lamer y chupar… y vuelve a embestirme, esta vez por detrás, una y otra vez, vuelvo a correrme. Se detiene y me vuelve a susurrar al oido «quiero que esto dure más…» me lleva a la cama y suelto a la pantera. Voy recorriendo su cuerpo, sin dejar un solo rincón por explorar. Me giro y coloco mi sexo sobre su boca, y me lanzo a degustar esa polla como un mástil. Luego monto a orcajadas sobre él… apenas unos movimientos y su cara expresa su rendición… Sus ojos azules, ay esos ojos azules; ahora entiendo lo que es perderse en la mirada…
La pantera vuelve a la noche oscura…
Me viene a la cabeza una canción de Dani Flaco (el Sabina de Hospitalet… siempre Sabina) «Ni el recuerdo de tu cara entre mis piernas, ni las cosas que me hiciste con la boca… desperté con mi corazón en bancarrota…»