
Entre humedades
Juliette
Sábado, once de la mañana. Una de las diablesas del averno me había invitado a comer, celebrábamos que habíamos acabado por fin el curso. La gente de nuestra clase hacía una cena a la noche, pero habíamos pensado adelantar la celebración nosotras solas, para hablar de nuestros asuntos mortales e infernales, que con lo últimos exámenes no habíamos tenido tiempo para nada. Mientras me disponía a darme una ducha observaba con curiosidad a mi última conquista, que respiraba sereno en mi cama. La verdad que tenía un cuerpo escultural, su piel morena aceitunada combinaba a la perfección con la sábana bajera de color amarillo mostaza. Se mostraba muy apetecible…
La sábana le cubría parcialmente, y dejaba al descubierto su esculpido torso, y escondía el resto de su anatomía, ese cuerpo que había recorrido palmo a palmo solo hace unas horas. Inclino hacía arriba la cabeza, inspirando el aroma que impregnaba la habitación, olor a sudor, a feromonas, a fluidos corporales. Es un olor característico que solo se segrega cuando se disfruta del sexo, y se queda pegado como una segunda capa en tu piel.
Me suena el móvil, y salgo de mi estado de ensoñación. Es Milena, mi amiga.
– Juliette ¿Cómo vas? – me pregunta atropellada
– Buenooo, estoy en ello – respondo sin demasiado entusiasmo
Se le oye lejana.
– Estoy en el coche, Juliette ¿Me oyes? Me planto allí en 10 minutos – me comenta a gritos
– Noooo, esperaaaa…-
Milena ya ha colgado. Vuelvo a llamarla, y no me coge. En 10 minutos ha dicho ¡Tengo que despertar al bello durmiente y decirle que se vaya! ¡Se jodió el polvo mañanero!
– ¡Oye, tú! – comienzo a moverle suavemente.
¡Joder! ¿Cómo se llamaba? Rober, Ricardo…¡Mierda empezaba por erre, estoy segura! Me siento en la cama y sigo zarandeándole. Abre los ojos, parece que comienza a despertar. Me mira y me sonríe.
– ¡Hola preciosa! – me susurra medio dormido
– Oye mira, te tienes que ir – le digo
Parece que no me escucha. Me atrae hasta él y comienza a besarme, parece que tiene ganas de seguir jugando. Ya no podía pensar, empieza a juguetear con su lengua en mi pezón, mientras sus manos me iban recorriendo todo el cuerpo. El calor me invadía de nuevo. De un salto me impulso encima de mi jugoso acompañante, con tanto ímpetu que lo tumbo en la cama. Él se ríe. Su miembro ya está erecto, dispuesto para la próxima batalla. Me dispongo a engullirlo entre mis piernas, cuando suena el timbre de la puerta, mientras se oye a Milena bramar.
– Juliette, soy yo Milena – grita desde el otro lado de la puerta
– Siii, ya sé que eres tú Milena – pienso
¡Cómo grita está mujer! Me quedo un momento inmóvil mirando a mi chico desde arriba. Me mira perplejo.
– ¡Lo siento! Eeemmm, una amiga. Tengo que abrir – le explico mientras cojo una camiseta y me dirijo hacía la puerta.
Me atuso el pelo y le abro la puerta. Cuando la veo me encuentro a una bella ninfa con un vestido negro de encaje por encima de la rodilla, totalmente ceñido, lo acompaña de una chaquetilla beis, torera, que le entalla a la perfección en la cintura.
– Juliette ¿Qué andas? ¿Por qué has tardado tanto? – me interroga mientras entra veloz en mi casa
– Pasa, pasa, no te cortes – le digo irónica
Mientras entra me fijo en su culo firme, respingón, ni grande, ni pequeño. El vestido le ajusta perfectamente, y hace que sus curvas dibujen imágenes haciendo aguas en la tela del vestido. Se para en un cuadro que tengo en la pared mirando de frente, en el salón. Se da la vuelta y me pregunta.
– ¿Es tuyo? –Se vuelve a dar la vuelta para contemplarlo.
– No Milena, es de mi hermana. Yo no pinto
– Uuummm me gusta – me comenta
Aprovecho para seguir observándola. Bajo la mirada hacía sus piernas, no son especialmente largas, pero las rematan unos botines imitando a piel de serpiente que le afinan la figura. Estoy todavía muy caliente, me acerco a su espalda, y me pego a ella olisqueándola discretamente. Mi instinto animal aflora, está completamente desatado.
– Si, pinta muy bien – asisto cogiéndola de la cintura.
No estoy muy segura de cómo reaccionaría mi amiga, pero estoy deseando mordisquearle el cuello e introducir mi mano por debajo de esa falda. Estaba en esos pensamientos cuando de sopetón aparece mi amante nocturno.
– Hola, Soy André – se presenta
André, eso era. Y yo convencida de que empezaba por erre. Me alejo de Milena mientras se dan dos besos para presentarse. Sigo caliente y no parece que lo voy a poder solucionar a corto plazo.
– Voy a ponerme un café sino te importa Juliette – me comenta mientras se dirige a la cocina
– Sí, claro – le respondo
Milena me guiña un ojo y se dirige rauda detrás de él.
– Ponme a mi uno también André, que todavía no he desayunado – se vuelve y me guiña el ojo de nuevo, mientras hace un gesto lascivo con la lengua.
Desde mi posición veo cómo se acerca a él y le toca el hombro. Comienzan a hablar y a reírse. Aprovecho el impasse para seguir preparándome. Ya en el cuarto ventilo la habitación, la brisa se lleva por la ventana mi esperanza de quitarme el calentón. Me dispongo a ducharme cuando oigo un ruido, algo se ha roto. En fin, luego lo veré.
La ducha me tiene entretenida un buen rato. No sé que tiene el agua que me excita tanto cuando corre por mi piel. Cojo la alcachofa y dirijo el chorro hacía mi clítoris. Apoyo la otra mano en la pared, y comienzo a jugar con él. Abro todo lo que puedo las piernas y dejo que me golpee por toda la entrepierna. Estoy muy cachonda, comienzo a mirar alrededor buscando algún objeto con el que comenzar a masturbarme. En ese momento vuelvo a oír otro ruido más fuerte. Así no hay manera. Lo tendré que dejar para otro momento.
Termino rápido de ducharme y me visto. He elegido un vestido sencillo, rojo, de tirantes anchos, sin demasiado escote. Me maquillo un poco, y salgo en busca de mis amigos. Según me voy acercando entiendo de dónde venía los golpes. André, el chico de cuyo nombre no me acordaba, se estaba empotrando por detrás a mí querida amiga, ella apoyaba los brazos en la mesa, inclinada hacia delante con la falda remangada hasta la cintura. Gemía como una posesa mientras mi anfitrión la embestía con fuerza. Ahora entendía los golpes, la mitad de los objetos que estaban en la mesa yacían ahora en el suelo. Me quedo a una distancia prudencial observando la escena, me excitaba la posición de voyeur. Observaba como el miembro de mi amigo entraba y salía por la puerta trasera de Milena, que jadeaba como una posesa.
No pude evitarlo y me fui acercando más y más, hasta estar a una distancia donde los efluvios corporales me alcanzaban hasta embriagarme. Mi entrepierna empapada latía con fuerza. Debido a que no llevaba medias notaba como el diminuto tanga que llevaba se iba mojando. Me dejé llevar y con unos rápidos movimientos me deshice de toda la ropa, excepto de las sandalias con tacón, y así absorta en la escena y sin dejar de mirar comencé a tocarme. Mi cuerpo me pedía guerra, me puse en marcha para unirme a ellos, pero…unos gemidos bestiales me avisaron de que mis amigos habían terminado, así que me quede ahí, inmóvil, sin saber qué hacer.
Milena, todavía con la respiración entrecortada, se acercó a mí. Comenzó a dibujar con sus dedos mi cuerpo, el cuello, los hombros, remarca la clavícula… Cuando llega a mis pezones, estos le reciben totalmente erectos, me los rodea haciendo círculos alrededor de ellos. La observo mientras lo hace, parece concentrada.
– ¡Súbete! – me ordena- Te voy a lavar – me sigue diciendo
– ¿Subirme? ¿A dónde? – le pregunto extrañada
– A la encimera Juliette ¿Te gusta el agua? – me pregunta picarona
Obediente me subo como puedo a la encimera, y Milena me indica para que pose mis pies en el interior del fregadero. Con calma coge el grifo con la manguera extensible, y noto como empieza a salir el agua. Primero en los pies, fría, luego va templando.
Milena comienza a dirigirla poco a poco hacía arriba por mis piernas, me acomodo hacia atrás apoyando los antebrazos, y me dejo hacer. Según va subiendo voy sintiendo el chorro tibio sobre mi piel. Elevo la pelvis buscando que alguna gota furtiva golpee mi vulva. Comienzo a notar la tibieza del agua en mi entrepierna, ese primer contacto me hace estremecer de placer. Mis ansias retenidas comienzan a aflorar, y se me escapan los primeros gemidos. Mi cuerpo en este momento es un delicioso caos. Cierro los ojos y me tumbo más. Milena empieza a juguetear con mi clítoris entre sus dedos, siguiendo con el chorro arriba y abajo, masajeándome mi vulva. Siento una especie de escalofrío al percibir el agua caer por el interior de mis muslos, hasta caer a mis pies y desaparecer por el desagüe. De pronto siento los labios húmedos de mi fibroso masculino. Me coge con suavidad la barbilla, tirando la cabeza hacía detrás, relamiendo mis labios primero y luego mi cuello. Su otra mano masajea diestra mis pechos.
Acelero el movimiento de mi cadera, y mi compañera se afana en hacer dibujos impensables sobre mi clítoris. Siento un placer inmenso. Tantas sensaciones sobre mi cuerpo provocan que unas lágrimas broten de mis ojos, siento que todo mi ser está sensible y recibe con exaltación todo contacto. Las gotas de sudor caen por mi frente, noto el clímax inminente. La sangre acelerada me provoca un zumbido en los oídos. Tengo un orgasmo brutal, fruto de tanta ansia acumulada. Mi cuerpo se destensa y cae con la espalda sobre la encimera.
Mientras me bajo y me recompongo pienso que el agua siempre me ha ayudado a explorar mi cuerpo, me inunda de nuevas sensaciones.
Dejo a mis amigos en la cocina charlando, y me dirijo a pegarme una placentera ducha. Voy a bailar un poco más con el agua.
“El agua es un caos sensible” Novalis