
Follar con calcetines
Hieros Gamos
Follar con calcetines o follar con bragas “de vieja” es la versión sexual de comer en un hamburguesería de comida rápida: no es algo de lo que haya que abusar ni mucho menos presumir pero, caramba, en ocasiones qué bien sienta.
Creo que la mayoría estamos de acuerdo en que en la cama hay que mantener unos mínimos de compostura y etiqueta. El sexo nos entra tanto por los ojos como por la nariz, la lengua, los oídos o la piel, por eso es importante mantener una base fundamental en lo que a seducción se refiere y no dejarnos llevar por la rutina aplastante del día a día, programando el aquí te pillo, aquí te mato y luego ya si eso hacemos la cena.
Nos gusta desear y sentirnos deseados y eso lo conseguimos muchas veces por nuestra apariencia y aspecto. Nos encanta hacernos desear poniéndonos algo de ropa sexy, jugando con lo que dejamos ver o lo que ocultamos premeditadamente, haciéndonos de rogar a cada pequeño gesto o prenda que nos quitamos. Son las cosas que ayudan a mantener la llama del deseo encendida sobre todo cuando mantenemos una relación larga.
Es bastante obvio y ampliamente reconocido que hay ciertas cosas que no deberíamos hacer al tratar de caer en los brazos de Eros y casi seguro que entre las tres primeras posiciones de la lista de “cosas que no deberías hacer si quieres acabar mojando” están precisamente el follar ellos con calcetines y ellas con bragazas feas. Pocas cosas cortan más el rollo que esos calcetines azul marino con la gomilla floja que hacen que siempre se caigan de forma asimétrica, uno más que el otro, con tomates en la punta del dedo, o esas bragas de cuello vuelto de color carne, viejunas y desgastadas también con la gomilla floja. Ante semejante visión del erotismo encarnado no hay quien se resista… quien se resista con la libido encendida.
Estas cosas no te pueden suceder bajo ningún concepto cuando te vas a chingar a alguien por primera vez o simplemente cuando aún no tienes demasiada confianza con esa persona (por favor, un poco de decoro, que ya os vale) pero cuando estás con tu pareja habitual, esa persona con la que llevas años, le llamas churri, puchi, gordi o cualquier otra mierda empalagosa del estilo, entonces hay ocasiones en las que se te puede conceder una bula para hacerlo.
No deberías abusar nunca de ello; en una relación larga la monotonía y la rutina pueden ser terribles destructores de la pasión y el deseo, por lo que no hace falta ninguna que ayudes echando más agua al fuego. Pero como ya he dicho, hacerlo de vez en cuando con tu pareja tiene algo especial, ese algo que te hace disfrutar de una manera más íntima y ventajosa (y no me refiero a que los calcetines te dan más tracción) y es esa maravillosa sensación que te da la confianza, ese fantástico sentimiento, ese calorcillo que te inunda por dentro al saberte libre de poder ser tú mismo sin máscaras ni miedos, esa confianza de saber que la otra persona no va a cambiar su apreciación sobre ti por el color de tus bragas o por la flojera de tus calcetines.
Esa emoción de que mientras estemos tú y yo lo demás no importa, esa confianza es una de las grandes fascinaciones de follar con calcetines.