
León el Africano
Barbarella
Umm vacaciones, estoy pasando unos días en una pequeña ciudad costera del norte de África situada en una llanura junto a una colina que bordea el mar, un pequeño paraíso. He venido sola, mi ama se pone enferma cada vez que decido viajar sola “a esos sitios” como ella dice, que “a ver si te va a pasar algo” “¿no te da miedo?”… Un día vino con una publicidad de una agencia de “singles” para que encontrara compañía, pero cuando viajo sola no es porque no tenga con quien ir, siempre se encuentra un roto para un descosido, más bien es porque necesito tiempo para estar “a lo mío y a mis cosas” y “sin negociaciones”. Puede sonar egoísta, seguramente lo es, pero el egoísmo es un concepto que en mi opinión está mal valorado, “ser egoísta no es malo”, es justo y necesario, sobre todo para ser feliz, y así poder hacer feliz a alguien.
Este sitio me lo recomendó “el empotrador” que suele venir con su novia en verano a la casa de un malagueño que alquila habitaciones, y aquí he venido. Además de la estancia el dueño nos ofrece diferentes actividades como visitas turísticas y en la casa se organizan fiestas temáticas, no sólo la de fin de año. El boca a boca ha ido incrementado la demanda, y se queda sin habitaciones con facilidad, además se ha forjado una cierta fama de seductor, su personalidad y su físico ayudan bastante. El empotrador tuvo la osadía de advertirme “no te líes con el casero rapero que te conozco” XDXD, pues desde que me lo dijo, no pensé en otra cosa XDXD
El otro día estaba arreglando la instalación eléctrica, ahí subido en la escalera, con una camiseta de esas de los Lakers sin mangas, luciendo unos brazos con una apetitosa bola natural. Tuve que tocársela, es superior a mí, no puedo evitarlo, hay filias para todos los gustos ¿no? El aprovechó para ofrecerse a llevarme a dar un paseo “turístico” por la medina y la muralla. La ciudad conserva una Torre y una muralla que construyeron los portugueses durante su ocupación para protegerse de los piratas, me pareció buena idea aceptar su propuesta. La visita fue muy constructiva, debajo de esa apariencia de “rapero pasota en busca de placer perpetuo” hay un chico culto, inteligente, me dio toda serie de datos de asentamientos fenicios, cartagineses, portugueses y árabes…yo estaba a punto de caramelo, poniéndole esa carita de bésame tonto, pero no pareció entender el mensaje o simplemente no era de su gusto.
Esa misma noche, teníamos una fiesta rapera, como no tengo nada que pegue con el ambiente que me puse un vestido negro corto y ajustado, el “petite robe noire” de fondo de armario. La fiesta estaba animada, música alta, con potentes bajos que te remueven por dentro y que sacan el instinto animal. Pantalones anchos y sudaderas con capucha que invitan a la imaginación y gorras que ocultan miradas… Y en el centro, el alma de la fiesta, mi deseado “león el africano”. Estaba bailando con una alemana, que para mi gusto se movía fatal, por lo que de un culazo, la eché al otro lado. No tengo muy claro cómo se bailaba ese tipo de música, así que opté por contonearme. El ambiente empezó a calentarse, varios de los inquilinos estaban empezando a intimar, y optamos por ir a un sitio más tranquilo. Mi habitación.
Estaba claro que para mi recién adoptado león yo era la cena, me devoraba sin miramientos, el pequeño vestido negro tardó pocos segundos en desaparecer del mapa, y me alegré de no haberme esmerado mucho escogiendo la lencería porque terminó hecha girones. Es lo que tiene liarse con animales salvajes, no se puede luchar contra natura, pero pensé que podía controlarlo. Recordé que tenía un látigo de cuero trenzado que me habían regalado por navidad, me fascinan los látigos, cuando se sacude muy rápido, su lengua al romper la barrera del sonido produce un fuerte chasquido. De hecho el látigo es el primer instrumento con el que el hombre rompió la barrera del sonido. No pretendía torturarle, pero si quería jugar a “aquí mando yo”, lo que demostré azotando el látigo al aire, y se puso firme. Le ordené tumbarse en el suelo, quietecito, y le acaricié suavemente con el látigo el torso, y me senté encima. Ahora yo marcaba el ritmo, suave, como un ronroneo…
“Para triunfar uno tiene que verse como un león, aunque sea un lindo gatito”