
Sobreviviendo a una fiesta aburrida
Juliette
¡Hoy sí! ¡Por fin es sábado! Llevamos desde las cinco preparándonos. Como sabéis, estos carnavales nos vamos a disfrazar de gatitas, las gatitas más sexis del averno. Ahora me toca a mí la sesión de maquillaje, quiero unos ojos ahumados, muy felinos, y así se lo hago saber a mi amiga. Observo cómo me va maquillando en el espejo. Me aplica primero el lápiz negro, y luego un delineador por encima, y les va dando el rasgo felino a mis ojos, dos capas de rímel para finalizar y con poco más ¡listo! Termina el maquillaje con unos bigotitos sobre una pequeña nariz negra. ¡Ahora sí! ¡¡Miauuu, estoy lista!!
Como os dije he decidido ir sin ropa interior porque por arriba llevaré un corsé que me sujeta lo suficiente, y por abajo una minifalda pegadísima que marcaría cualquier cosa, y me estropearía el efecto segunda piel, la minifalda con su colita de gatita, ¡claro!
He elegido unas medias preciosas, con un lacito al costado, y costura trasera, que quedan perfectas con mis botines atados al tobillo y unos tacones de infarto. Estoy acostumbrada a los tacones, así que no será un problema manejarme toda la noche con ellos.
Una vez que estamos preparadas, mi amiga Luna nos comenta que vamos a ir a una fiesta privada. ¿Qué? ¿Una fiesta privada? La verdad que no me hace mucha gracia, eso reduce mis posibilidades de conquista, ya que en un sitio cerrado, si no me gusta lo que hay, estoy perdida. Luna se da cuenta de mi enfado, y me aparta hacia un lado.
– ¿Qué te pasa Juliette? ¿No te gusta el plan? – me pregunta.
Le contesto negando con la cabeza, y ella se ríe.
– Es una fiesta privada en un chalet – me empieza a explicar.
Me cuenta que la organiza una asociación de parejas liberales, y que han invitado también a gente soltera para hacer más interesante la velada, y ahí entramos nosotras. ¡Bueno, eso ya tiene mejor pinta! Por lo menos encontraré a personas dispuestas a casi todo.
Me voy imaginando la fiesta en mi cabeza, gente diversa disfrazada con los más atrevidos disfraces, buscando con quién divertirse esa noche, marineros de agua dulce fornidos, enfermeras atrevidas, súper héroes y heroínas en busca de su criptonita. ¡Qué interesante, se me hace la boca agua! ¡Va a ser mejor idea de lo que pensaba el ir sin braguitas, así estoy preparada para cualquier abordaje sorpresa!
Hemos decidido ir en dos coches para no ir apretadas, ya que vamos unas cuantas. Tenemos que salir ya, que a las diez en punto hemos quedado en aparecer.
Según vamos yendo voy mirando por la ventanilla, siento un cosquilleo en la boca del estómago. ¡Estoy emocionada! Hacía tiempo que no me invitaban a un plan tan especial, me gustan los retos y las nuevas situaciones. ¡Ponen a prueba mis habilidades de diablesa! Y últimamente parece que estoy desentrenada. ¡Será un subidón de autoestima, lo necesitaba!
Para cuando llegamos ya ha anochecido. Bajamos de los coches. El camino hacia la puerta del chalet está iluminado por unas antorchas, colocadas a ambos lados. Me siento extraña al caminar entre ellas, el aire está viciado con un olor raro, huele a flores, y a resina, pero también a ámbar, almizcle y madera. Es un olor salvaje que desata mi lado indomable y primitivo. Algún macho en celo ha pasado por aquí, y ha dejado su aroma impregnado, delimitando el territorio. Mi instinto de gata me avisa de que esta cerca. Los gatos son animales muy sexuales, y parece que estamos en época de apareamiento. ¡La noche promete!
Ya estamos dentro y…¡Qué decepción! Entramos y lo primero que vemos, de frente, a un grupo de personas sentadas en un sofá con “chaise longue”, sus caras son un poema, una de ellas incluso se estaba tapando la boca disimulando un bostezo. Más allá se puede ver a otro grupo de pie, al lado de una pequeña barra de bar, con una actitud parecida.
La música casi no se oye, aunque mejor, parece música ligera, ¡puaaj!
Según vamos entrando, todo el mundo se nos queda mirando, más bien escrutando. Nuestros disfraces de gatitas son realmente sensuales, y el resto de los invitados van con atuendos horrorosos, nada sexis. Piratas, payasos, incluso una enfermera con una falda hasta la rodilla, y totalmente tapada. ¿En serio? ¿Estos especímenes son de una asociación de parejas liberales? ¡Si parece una convención del coro de la iglesia!
Nos vamos presentando, ¡yo con un entusiasmo bestial! Y en cuanto puedo me retiro a una esquina. Hay camareros repartiendo bebidas con unas bandejas, espero a ver si se me acerca alguno. De repente oigo a mi espalda.
– ¿Un Manhattan señorita?
¿Qué coño? Me doy la vuelta y ¡guuuuuauuuu! Me topo con camarero que parece salido del cincel de Miguel Ángel. Tiene ojos verdosos, y un rostro cetrino, su pelo es castaño muy oscuro, puede que negro, y algo ondulado, cortito. Me quedo petrificada mirándolo.
– ¿Que si quiere un Manhattan, señorita? – me repite mientras me sonríe
– Sí, sí, claro ¡Gracias! – le respondo.
¡Madre mía! Hasta la sonrisa es perfecta. Mientras se aleja no puedo evitar fijarme en su culo. ¡Uuuum, ñaaaam!
Así que las siguientes horas me dedico a mantener conversaciones absurdas con gente tediosa, y a seguir con la vista a “mi camarero”. Hasta que al final, de pronto desaparece por una esquina, y no le vuelvo a ver. Desaparecen varios más, parece que esto se va terminando. ¡Vaya fiesta!
Comento a mis amigas para irnos, pero las dos con las que he venido están ocupadas con sendos masculinos. Me comentan que nos iremos en media hora, que tenga paciencia. Salgo resignada fuera a fumarme un cigarro, me siento en un banco que hay a la entrada. Aspiro una bocanada de humo y contemplo el camino de antorchas ¡es precioso! Con cada bocanada me voy relajando, cierro los ojos y aspiro el aire buscando el aroma que me cautivo a mi llegada, pero no lo encuentro, se ha desvanecido, de pronto creo olerlo. ¡Sí! ¡Ahí esta! Aspiro fuerte, lo disfruto…
De pronto me tocan el hombro. Doy un bote, el corazón se me sale de la boca. Al abrir los ojos veo a mi adonis, pero ya vestido de calle, vaqueros y camiseta ¡Mucho mejor!
– ¿Te aburres? – me pregunta.
– Pues sí, estoy esperando a mis amigas para volver a casa – le contesto.
Contigo no me iba yo a aburrir – pienso para mí – se me empiezan a activar los sentidos depredadores, las garras y los colmillos se me afilan.
– He quedado con mi novia y voy ahora a buscarla, te puedo acercar si quieres – me invita.
¡Nooooooooo! No me lo puedo creer ¡Es el peor día de mi vida!
Acepto la invitación, total allí ya no hago nada. Entro y les comunico a mis amigas mi nuevo plan, me sonríen picaras, pero yo ya no tengo fuerzas para explicarles que este plan no es ningún plan. Solo tengo ganas de llegar a casa y descansar.
Salgo fuera y ahí está ese bollazo esperándome sonriente. ¡Qué lástima, no voy a poder saborearlo!
Nos dirigimos hacía el coche, y me abre mi puerta ¡Encima, cortés! ¡Yo me muero!
Arrancamos, me pregunta donde vivo. ¡Perfecto, le pilla de camino! Me dice que tiene que parar en la gasolinera, tiene que echar gasoil, y avisar a su novia de que llegará en breve.
– En las gasolineras no se pueden utilizar los móviles, chaval – pienso sarcástica.
Pone música, me gusta. Ahora mismo no se qué está sonando pero suena muy bien. Llegamos a la gasolinera, llena el depósito y aparca en la zona de fuera, lejos de los surtidores. Sale fuera del coche, me hace un gesto de que va a llamar. Respiro profundo, de repente suena una canción. Ésta si la conozco, Love Bites del grupo Halestorm. ¡Qué apropiada!
– ¡¡Loooveee Bitees, but so do I, so do I!!! – comienzo a cantar, y me entrego a la canción.
Estoy tan ensimismada que no le oigo entrar hasta que oigo el portazo. Parece enfadado, pero no me atrevo a preguntarle. Arranca sin decir nada, la canción sigue sonando, pero ya no canto. Le observo disimuladamente. Tiene el ceño fruncido, está claro que algo le ha pasado ¿con su novia? No puedo evitar sonreír ante tal pensamiento, igual no está todo perdido.
De pronto se gira, y me grita:
– ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? – me grita.
Pega un volantazo y se sale de la carretera. Estamos en medio de la nada, él hunde la cabeza sobre el volante. No sé qué hacer, estoy desconcertada, me acerco y le acaricio. Levanta la cabeza y me mira, me mira fijamente, se va acercando y comienza a besarme. Es un beso cálido y a la vez brusco. Le correspondo. Mueve rápidamente el asiento hacía atrás y me invita a subirme encima de él. Recuerdo mientras lo hago que no llevo ropa interior debajo de la minifalda ¡Uuummm! Nos seguimos besando, comienzo a moverme, me froto contra él. Sus manos se deslizan debajo de mi falda, me coge con fuerza.
¡Ya vuelvo a ser la diablesa de siempre! Acelero el ritmo mientras le desato los pantalones y le bajo todo, dejando al descubierto esa fiera que llevo toda la noche deseando. Me monto encima, la música sigue sonando. Sigue con el grupo Halestorm, Mz Hyde, ¡muy apropiada también para el momento! ¡Por fin el universo se pone de mi lado! ¡Solo había que desearlo con fuerza!
La canción suena…Welcome to the nightmare in my head! Oh God!…Welcome to my evil side! Hello its Mz Hyde!
Noto su penetración, muevo las caderas con desenfreno. Él jadea, cada vez más y más fuerte. Me doy la vuelta sin soltarle, oscilo hacía delante y hacia atrás, frotando mi clítoris contra él, me muevo hacia arriba y hacia abajo, hago círculos sobre mí. Me agarro fuerte al volante con las manos. Sus manos recorren con ansia mi cuerpo, mis caderas, la cintura, mis pechos, que se mueven sin control. Todo mi cuerpo se tensa, y siento un hormigueo de sensaciones. Palmo a palmo me dejo recorrer. Sigo sentada a horcajadas sobre él, de espaldas, y apoyando las rodillas en el asiento. Sigo cabalgando, aumento el ritmo. Comenzaba a sentirme envuelta en las sensaciones que preceden al orgasmo. Entre jadeos, gritos y cuerpos sudorosos llegamos al clímax, primero él, y seguidamente yo ¡!Ah, aah, aaah, aaaah!
Vuelvo a mi asiento y comienzo a vestirme. Parece que al final ha merecido la pena venir a la fiesta.
– ¿Te llevo a casa? – me pregunta.
Asiento. No me atrevo a invitarle a seguir allí, sigue con cara de pocos amigos. Así que proseguimos el viaje en silencio. Ya la música que suena no me interesa, sigo relamiendo lo recién acontecido.
Por fin llego a casa, exhausta pero satisfecha. Pensaba que me volvería de vacío, pero al final he arrancado un pedazo de deliciosa tarta a esta noche.
Me vuelvo a mi casa ronroneando como una gatita.
¡Miaaauu! Saludos felinos mortales. ¡Ya sabréis de mí!