
El Maestro Tantra
Gigi, La Faraona
Mi vida ha cambiado mucho, pasé de ser una mami y esposa, a una mujer con la edad perfecta para disfrutar de su cuerpo, de su tiempo libre y como no, del sexo.
Las páginas de citas ayudan mucho a tener esa libertad, conoces a muchos hombres, y todo es mucho más fácil y directo. Una de esas veces di con algo que me llamó mucho la atención. La profesión del chico en cuestión «Masajista Tántrico y sensitivo». ¡Esto tengo que probarlo!
Nos empezamos a escribir, y en efecto se dedicaba a eso, «en casa o a domicilio». Chico italiano, con cara de haber vivido mucho, y en esta etapa de su vida, dedicado completamente al misticismo y terapias alternativas. A mi, todo eso me va y siempre he tenido curiosidad por el sexo Tántrico.
Después del intercambio de mensajes, lo vi claro -¿Tú buscas pareja por aqui, o es una forma más de marketing para tu negocio?. Me contestó un poco dubitativo que las dos cosas. Vamos, sólo darse a conocer. ¡Listo el italiano! Aún asi, quise probar, un masaje de 2 horas siempre es bienvenido.
Quedamos a una hora en su casa, y estaba todo preparado. Toda la casa ambientada en Reiki, Tantra, velas, incienso… una camilla de masajes en el centro… todo muy profesional. Entré, no sabia bien que es lo que me esperaba, pero como ya he dicho otras ocasiones, no escatimo en posibilidades, yo siempre abierta a todo. El chico italiano, era de mi estatura, delgado, no era un musculitos pero si muy atractivo. Vestía ropa de yoga, todo muy apropiado.
Empezamos a hablar y me explicó en que consistia el masaje: «El Tantra es lograr un crecimiento personal a través del placer. El masaje tántrico se basa en la creencia de que si te encuentras sexualmente feliz y relajado, tu salud será mejor. Es por tanto un masaje que tiende a buscar el placer y que puede provocar el orgasmo, aunque no se trate de su principal objetivo»
Hasta ahí bien. ¿ Y como iba a ser? Dos horas de masaje dados con amor, con aceites templados. Tendría que estar completamente desnuda y acaba el masaje en el templo sagrado de la mujer «Yoni» ¿y eso que es? La vagina. Y como se da un masaje en la vagina? Me mira, seriamente y me contesta –no sabría explicarte… Total, que yo pensé «este me va a tocar el coño, no? Pues adelante.
Me desnudé, y nos pusimos uno frente al otro, cogidos los dos por el brazo derecho y me indicó como hacer ejercicios de apretar y soltar los musculos vaginales. Pasé a la camilla. Primero boca abajo y empezó. Me encanta el contacto físico y realmente sentí ese masaje realizado con unas manos que deseaban tocame, deseaban darme placer. Primero la espalda, el cuello, los brazos, y las piernas… cada vez que pasaba sus manos por el canalillo de mi culo me electrizaba, pero a la vez sentía una relajación total. Me dijo que me diera la vuelta, empezó por mi cuello, la cabeza y llegó a mis pechos. ¡¡¡Dios!!! que forma de masajear mis pezones, tan suave, lento, con ganas, con tiempo… ya estaba abierta como una flor.
Siguió con mi vientre, mis piernas y otra vez rozando mis ingles, casi tocando mis labios. Yo debía estar con los ojos cerrados y las palmas de las manos hacia arriba pero acercaba mis manos al borde de la camilla para conseguir el roce de su cuerpo y saber si se le habia puesto dura.
Terminó las piernas y ahora viene lo del tempo sagrado. Me subió las piernas y dobló mis rodillas. Yo ya estaba en posición y empezó a acariciar/masajear mi pubis. Tan dulce, y siguió bajando… masajeando mis labios, mi clítoris, toda la zona perineal, hasta que me metió los dedos y empezó a masajearme por dentro… Yo iba arqueando mi espalda cada vez más, sentía como mi humedad empezaba a desbordarse y bajaba por mi culo. Los movimientos se iban haciendo mas intensos, yo muerta de gusto, entregada por completo a esas manos expertas, más y más y más… Llegué al orgasmo más largo que habia tenido jamás. Agotada, con la respiración alterada, él comenzó a besar mi vientre, y se tumbó a mi lado en la camilla abrazándome. Cuando mi respiración se calmó, me ayudó a bajar de la camilla. Se sentó en el suelo y me invitó a que me sentara sobre él, yo aún seguía desnuda. Nos abrazamos (todo esto parecia muy espiritual), y me dijo al oido «Estoy muy excitado»… aquello me puso a cien, y empecé a moverme restregandome sobre el bulto enorme de su pantalón de yoga.. Me tumbo de espaldas mientras se desnudaba… y empezó a comerme el coño con la misma suavidad y ganas como habia puesto en el masaje. Ni en mis mejores sueños pude haberme imaginado una comida de coño igual. Cuando me ayudó a levantarme, mi eyaculación chorreaba por mis piernas. Me volvió a colocar, mi pecho sobre la camilla, con las piernas abiertas y me penetró por detrás, suave despació… yo moría porque me diera fuerte, deseaba más y más, era un orgasmo continuo… así estuvimos dos horas más. Esto no estaba en el guión, no formaba parte del masaje, pero cómo nos alegramos de nuestra debilidad…
La mejor experiencia sexual de mi vida. Toda mujer debería tener algo así alguna vez.
Para terminar, me sentenció «El Tantra no es sexo, Tantra es amor»…
Namasté.