
Un corto vuelo
Barbarella
Mi boss me castigó con una reunión en Madrid. Al meno así me sentí, castigada, sabe que me disgusta madrugar y lo de hacerme volar a las 7 de la mañana era toda una tortura. Me llevé una novela erótica ilustrada para amenizarme el trayecto, con la oscura intención de seducir a algún acompañante de vuelo. Siempre me han dado morbo esos que de reojo miran el contenido de lecturas ajenas, son una especie de voyeurs. En este caso con las descriptivas ilustraciones a toda página de un encuentro entre amantes no iba a dejar indiferente y me pareció una sexy manera de mostrar mis cartas y mi juego. En cualquier caso podría ser una buena manera de entablar algo más que conversación y los vuelos son tan aburridos. Necesitaba algún incentivo que compensara el madrugón.
En el embarque un par de ejecutivos agresivos me hicieron un repaso de abajo a arriba. Desconozco si llegaron a la cara, lo que si hice es analizar su potencial. El más bajito era feo como un cuervo, el otro sin ser un adonis era un madurito atractivo, de los que parecen que se pintan las canas para hacerse los interesantes, y lo más importante, de los que me ponen. Sería mucha casualidad que se sentara a mi lado, a pesar de todo crucé los dedos y lo proyecté en mi mente. Dicen que si visualizas en tu mente con claridad aquello que quieres que ocurra, pasa. Otras veces no, será cuestión de la nitidez de la visualización, yo por si acaso lo intento. Una vez ubicada me dispuse a entretenerme con mi lectura, a medida que los pasajeros se iban ubicando me preguntaba quién ocuparía el asiento contiguo al mío. Temía que fuera el cuervo, no por cuervo, que de todo tiene que haber en mi minizoo, además seguro que era un amante válido, los cuervos suelen compensar su carencia de atractivo con una entrega plena. Todo eso estaba muy bien, pero el madurito atractivo me ponía, es como un flechazo sexual, no lo puedo controlar.
«Perdone, creo que se ha sentado en mi asiento»
Ups me había sentado en el sitio de mi madurito atractivo, el mío era el de al lado. Me cambié de sitio y haciéndome la interesante pasaba páginas de mi libro. En una de las escenas del libro noté como mi madurito empezaba a sonrojarse, miraba disimuladamente los dibujos pero parecían complacerle. Lo de hacerlo en un avión es una fantasía bastante recurrente pero lo de ponerlo en práctica es casi un reto, no hay mucho espacio, y menos íntimo, aparte del baño de reducidas dimensiones. Todo esto con el agravante de que la tripulación entre otras cosas puede estar controlando. Por alguna extraña razón yo tenía una baza, mejor dicho una que al final eran al menos dos. En primer lugar Irina a lo largo de nuestra estrecha amistad, me había proporcionado mucha información sobre la organización y menesteres de la tripulación. El momento perfecto es durante el paseo del carrito. En segundo lugar mi amiga Irina era una de las azafatas de ese vuelo. Supo que pretendía con un vistazo, y me hizo saber que contaba con su aprobación. El vuelo duraba unos 50 minutos, por lo que no tenía mucho tiempo para juegos de seducción, pasé a la práctica en tres pasos:
Sonrisa, pestañeo y una mano que se escapa a la entrepierna y ohh sorpresa! mi madurito atractivo era muy receptivo. Empezamos el ritual de calentamiento en los asiento esperando el momento desayunos. Dos de las azafatas se disponían a hacer el reparto de la mitad del avión hacia el principio, e Irina y su compañera de la mitad hacia el final. Nuestro próximo destino sería el baño del fondo, de esta forma en caso de peligro contaba con la complicidad de Irina. Primero fuí yo, y después el madurito, le esperé mirando hacia el lavabo levanté mi minifalda facilitando el camino, porque no podría ser otra cosa que un empotramiento rápido. Y así fué, el precalentamiento nos había facilitado el acto, fué apresurado y pasional y con esa morbosa sensación de que cualquiera podría terminar aporreado la puerta, lo que sin remedio me excitaba aún más. mi apetito quedó satisfecho al menos hasta el final de la reunión.
Pero eso es otra historia…